Divorcio y deuda: una relación que nunca termina
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Más sobre nuestra política editorialSi quisiera asegurarse de que su matrimonio fracase, hay tres caminos seguros: ser infiel, esconder dinero y endeudarse.
Conocí a un hombre que hizo las tres cosas al mismo tiempo.
Cuando abrí mi primer negocio, una agencia de consejería de crédito sin fines de lucro en 1993, uno de mis primeros clientes fue una pareja casada de mediana edad. Estaban profundamente endeudados y no sabían por qué. No era algo fuera de lo común, así que les pedí sus facturas para elaborarles un presupuesto mensual.
Como era la era previa a internet, vinieron a mi oficina y dejaron una pila de facturas en papel para que yo las organizara. Pero cuando se fueron, el esposo regresó unos minutos después con más facturas.
Lo miré con curiosidad y, como si supiera lo que estaba pensando, dijo con frialdad: “Estas son las cuentas que tengo por mi novia". Me miró un instante y se fue, como si nada.
El problema, por supuesto, es que un presupuesto preciso debe incluir todo lo que la pareja gasta. Tuve suerte yo, pero no ellos: se separaron antes de volver.
El dinero genera discusiones. La deuda, divorcios.
Durante los últimos cinco años, en Debt.com hemos encuestado a personas divorciadas en Estados Unidos sobre cómo la deuda afectó su matrimonio y su vida después de la separación. Los resultados dejan claro que este es un problema constante, en épocas buenas y malas.
En 2020, el 37% dijo que su puntaje de crédito bajó más de 50 puntos tras el divorcio. Este año, esa cifra descendió al 26%, pero sigue siendo alta. Y cuando preguntamos por las causas de la separación, en 2023, 4 de cada 10 afirmaron que “la deuda u otros problemas financieros fueron el factor principal”. En 2025, el número bajó un poco, a 33%, pero no desapareció.
Más allá de los márgenes de error de cualquier encuesta, hay una realidad evidente: la deuda y el divorcio son problemas persistentes, difíciles de separar.
Las tarjetas de crédito no son buenas para el matrimonio
Las tarjetas de crédito no son malas en sí mismas. De hecho, bien utilizadas, pueden ser una herramienta útil. Pero también pueden convertirse en un arma silenciosa cuando se usan para ocultar gastos al cónyuge.
A lo largo de los años, hemos visto un patrón preocupante. En 2024, el 34% de los divorciados culpó la deuda de tarjetas de crédito por su separación. En 2025, esa cifra subió al 42%. Este aumento puede explicarse por la incertidumbre económica, pero la raíz es más profunda: las tarjetas son fáciles de esconder.
Un 34% de los encuestados reconoció haber ocultado deuda a su pareja, o que su pareja se la ocultó a ellos. Antes, cuando los estados de cuenta llegaban por correo, era más difícil mantener secretos. Hoy, todo se maneja desde el celular: notificaciones digitales, pagos en línea y resúmenes que no pasan por el buzón de casa.
Esto significa que una persona puede mantener una “vida financiera paralela” por mucho más tiempo… pero al final, la verdad suele salir a la luz. Igual que el cliente que me mostró las facturas de su relación extramatrimonial, la pareja termina enterándose.
Y aunque se pueda “engañar” al otro por un tiempo, la realidad es que, al acumular deuda oculta, uno se engaña a sí mismo.